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Por el Periodista: Lic. Jaime Uribe Rocha
El día viernes 26 de febrero, envíe una nota sobre la tragedia de Haití y preguntaba ¿Fué un milagro de Dios que el epicentro del terremoto (que azoto el Sur chico el 15 de agosto del 2007) no haya sido en Lima, porque sino los muertos hubieran sido millones a comparación de Haití? Seguramente, muchos dijeron esto es una exageración de Jauri. ¿Pero, la población de Lima Está preparada para superar estos azotes de la naturaleza? ¿Defensa Civil a manejado bien la prevención y /o autoprotección en la ciudadanía?
No cerremos los ojos, las tragedias que acaba de ocurrir en Chile y antes en Haití, podríamos revertirlo, cuidando nuestro medio ambiente, donde habitamos, pues cada uno de nosotros somos los responsables, para que esta pueda cambiar, y no ocurra tanta desgracia, las actividades humanas están destruyendo el planeta, quizás echemos la culpa a las grandes empresas industriales, pero no podemos estar ajenos que los seres humanos, somos los únicos responsables, de la contaminación de ríos, lagos y océanos; la desaparición de bosques, la agresión del suelo, la destrucción del ecosistemas; en fin, de la degradación de la calidad del aire, la tierra y el agua.
¿Por qué lo hemos hecho? Simplemente por buscar mejorar nuestro nivel de vida, por darles más comodidades a nuestra vida cotidiana, por estar a la moda, por tener lo último en tecnología, por obtener más ganancias materiales… dinero en abundancia.
El mundo donde habitamos avanza por este camino que venimos recorriendo como especie desde hace cientos de años, ha sufrido rupturas increíbles por manos del hombre, hemos destruido esa muralla del equilibrio natural del ambiente global, con lamentables consecuencias que nosotros mismos tenemos que soportar, o nuestros herederos sufrirán estas fatales tragedias como los ya ocurridos a la fecha, terremotos, sismos, maremotos, etc. La tierra se encuentra agrietada, destruida parcialmente, la madre tierra llora, pero no nos acongojamos de ese dolor, por el contrario la dañamos más, pues nuestro orgulloso corazón no tiene sentimiento alguno y lo material ha anidado dentro de nosotros, dejando de lado lo espiritual y natural. Existe odio por doquier, odio que lacera el alma, odio que daña más al que sufre y de ello se solazan quienes hacen más daño en cada día que pasa. Esas personas creen que con sus actos serán beneficiadas cuando ocurra lo peor, al contrario, serán quienes sufrirán en carne la maledicencia de sus almas.
Nos encontramos ahora lamentando las tragedias, nuestra situación es más trágica cada paso que damos hacia delante, es a costa de romper un poco más ese ecosistema, de desequilibrar aun más el ambiente planetario. El problema es que siempre hemos avanzado en una sola dirección, romper el ecosistema planetario, nunca hemos tenido en cuenta otras alternativas.
Seguir avanzando, ahora significaría la autodestrucción. Significaría empeñar nuestro futuro y quedarnos sin posibilidad alguna de reparar el daño, significaría el final de la vida como la conocemos y quizás la extinción misma de nuestra especie.
Se nos plantea entonces una situación complicada. Debemos abandonar el camino que nos enseñaron desde pequeños que era el único, el mismo que transitaron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y mucho más allá.
De un día para el otro, en términos históricos, nos estamos viendo obligados, si queremos sobrevivir, a abandonar mucho de lo conocido, muchos de nuestros hábitos, costumbres y gran parte de nuestro modo de vida.
Contamos con todos los conocimientos científicos necesarios para hacerlos. Podríamos empezar a resolver en cuestión de meses cada uno de los problemas ambientales y sociales que hay en el mundo. En pocos años podríamos lograr que haya más bosques de los que nadie haya visto en las últimas generaciones. En menos tiempo aún, Podríamos limpiar casi todos los ríos del planeta hasta poder beber agua de ellos. Terminar con el hambre y la sed, con cientos de enfermedades. Restaurar la biodiversidad de enormes regiones y reparar muchísimos de los daños ambientales que hemos cometido.
Pero para ello, también deberíamos utilizar menos energía, compartir el agua, no solo en lo referido a la propiedad de la tierra, sino fundamentalmente en cómo y para qué se la utiliza. Tendría que dejar de haber personas multimillonarias, empresas multimillonarias y países multimillonarios. Tendríamos que dejar de fabricar armas, reducir al mínimo los residuos y reutilizar y reciclar la mayor parte de lo que usamos. Dejar de producir artículos superfluos y producir sólo lo que sea realmente necesario.
El mundo tendría que dejar de estar a la moda y de tener lo último en tecnología. Dedicar menos horas a la televisión y más a tareas sociales y ambientales como plantar árboles, educar y educarnos y concientizar a las nuevas generaciones. Tomar muchas decisiones en función del planeta y no ya de nuestras apetencias personales.
El desastre ambiental que hemos causado aun es reversible. Un mundo mejor aun es posible y contamos con las herramientas para lograrla, sólo nos separa de ello, la decisión política y social de hacerla. Manteniendo las esperanzas y trabajando mucho y muy duro podremos lograrlo.
PYSN Opinión
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1 septiembre 2010 at 14:53 pm