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Por: Pedro Gálvez Dextre
Marco Antonio de 16 años junto a su hermano de 12 años estaba jugaban fulbito en la canchita de su barrio del sector el Chaparral en el distrito de San Martín de Porres cuando un pistolero disparó a indiscriminadamente a todos los niños y jóvenes matándolo y hiriendo a su hermanito.
Hacia minutos que se había despedido de su madre una mujer que según sus propio testimonio de dolor fue padre y madre para él.
Un mes antes los mismos pistoleros asesinaron otro adolescente con la misma modalidad y en la misma cancha de fulbito, es decir asesinato en serie de pandilleros psicópatas que con la licencia de la indiferencia de la policía actuaron con total deplorable libertad.
¿Por qué nos tenemos que hacer estas preguntas cuando ya es irrecuperable una vida? ¿Por qué la policía no actuó hace un mes en el primer asesinato? Según el testimonio de la madre del adolescente y de la población la comisaría es corrupta ya que cobra coima a los delincuentes que caen en ella. Tal vez el asesino en serie de San Martín de Porres estuvo en los calabozos de esa comisaría en algún momento y salio impune.
El ministro del Interior debe hacer cambios en esa dependencia policial en la que se ha demostrado la ineficiencia y mediocridad del comisario que en menos de un mes se ejecutaron dos asesinatos con la misma modalidad y en el mismo lugar y sin ningún detenido.
Este caso nos trae a la memoria uno caso similar que ocurrió el 2002 en los Estados Unidos John Allen Muhammad conocido como “El Franco Tirador de Washington” con puntería implacable empezó a matar a todo el que se encontrase en la mira de su fusil de guerra. Tenía un cómplice adolescente llamado Lee Boyd Malvo. Habían acondicionado la maletera de su auto Chevy con un agujero suficiente para sacar por ahí la punta del fusil y disparar sin importarle edad, género, raza o posición social.
En menos de un mes habían asesinado a 10 personas inocentes y herido a 3 uno murió sentado en una banca pública otro en una gasolinera. John Allen Muhammad fue apresado y condenado a muerte y ejecutado en la silla eléctrica el 2009.
Salvando las diferencias de edad y lugar es la misma forma de actuar, asesinar a quien se le atraviese en la canchita de fulbito del sector del Chaparral en San Martín. Probablemente la sangre aun regada en la losa no detenga a este asesino que ya mató a dos junto con sus cómplices pandilleros, todo hace pensar que la policía de ese sector le importa poco la vida de quienes viven allí, o es que su incapacidad de actuar debe pagarla el poblador a merced de la violencia.
PYSN Editorial
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